Kike Calvo Fotografía

jueves, 14 de mayo de 2009

La vida como fotógrafo de agua


Buscando entre unos archivos, he localizado este texto. Me ha parecido interesante compartirlo, ya que sois muchos los que preguntáis sobre la vida como fotógrafo. Texto inicialmente creado con motivo de la producción del Libro Aragón Agua y Futuro, publicación oficial del Pabellón de Aragón para la Expo del Agua en Zaragoza.

La vida como fotógrafo de agua
KIKE CALVO©

”Las palabras son burbujas en el agua; las acciones gotas de oro”. Proverbio tibetano.
 
Por alguna razón especial mi trabajo y mi vida han estado siempre ligados al agua. He tenido el privilegio de recorrer en torno a 60 países persiguiendo esos momentos, casi mágicos, que provocan en el lector una reacción emocional. 
 
Mi vinculación al agua viene de mucho antes de mi asociación a la Exposición Internacional en Zaragoza sobre Agua y Sostenibilidad. Cuando apenas contaba con 17 años, comencé a perseguir el sueño de documentar todo lo relacionado con agua en nuestro planeta.
 
El arte de la fotografía es el arte de un viaje. En mi andar por los cinco continentes trato de recoger cuantos momentos encuentro, pasándolos a un medio que los haga permanentes. Unos optan por la escultura, otros la pintura o el cine, y en mi caso, la fotografía. Si los ojos del espectador encuentran en mi trabajo un motivo, una inspiración o una bocanada de aire fresco, cada esfuerzo habrá merecido la pena.
 
Mi satisfacción y pequeña contribución, como la de muchos de mis compañeros de profesión, es hacer llegar al mundo imágenes que relaten una historia. Alegres o tristes, todas lanzan un mensaje, hacen un llamamiento sobre un tema puntual o nos narran una historia, una de tantas. Como el niño que lanza al mar una botella de cristal con un mensaje en su interior, los fotógrafos de naturaleza lanzamos pequeños mensajes a través de exposiciones, reportajes o libros, tratando de concienciar al mundo de que esta Tierra es nuestra y es nuestro deber cuidarla dada su fragilidad.

Una de las grandes aportaciones a la sociedad que puede tener mi trabajo, es la de invitar a la gente a reflexionar. Muchas veces es una imagen impactante la que llama la atención del espectador, que tras leer un pequeño pie de foto, comienza a plantearse qué puede hacer para aportar su granito de arena. Es posible que sea la imagen del tiburón blanco o de la familia de ballenas jorobadas, la que haya hecho que os hayáis animado a leer lo que tenía que decir. Sin apoyo visual, no siempre es así.
 
A modo de ejemplo, podríamos citar la imagen de unos osos polares en el ártico. La belleza y el colorido nos cautivan. Un pequeño pie de foto habla del deshielo, o quizá menciona el por qué ciertas especies se verán amenazadas en un futuro cercano. De hecho, quizá sea éste un buen momento para remarcar, algo que a día de hoy ya es evidente: el cambio climático es un problema global. 

Me preocupa el futuro de los recursos hídricos de nuestro planeta, en particular ante los retos del cambio climático. Como residente de Nueva York, resulta interesante saber que los 19 millones de personas que allí luchamos por hacer nuestros sueños realidad, dejamos una huella ecológica más profunda que los 766 millones que viven en los 50 países menos adelantados del mundo. 

El viaje de un pasajero en un avión de línea regular volando en clase económica desde el aeropuerto JFK de Nueva York hasta Barajas en Madrid, crea un impacto climático de unos 1650 kg de emisiones de CO2. Poniéndolo en perspectiva, en cada año: un refrigerador genera 100 kg CO2; el conducir un coche de clase media (12.000 km. aproximadamente), 2.000 kg CO2; y un habitante de la India, genera 900 kg CO2.

A pesar de ello, todos nosotros, las pequeñas gotas de agua que conformamos los océanos de vida del planeta, tenemos la capacidad de contribuir a cambios positivos. Podemos minimizar las emisiones de gases invernadero, sin modificar excesivamente nuestra calidad de vida.

Entre otras nuevas iniciativas, ya existen organizaciones que permiten al ciudadano medio, compensar las emisiones que producen en sus actividades diarias, apoyando proyectos concretos que neutralicen los efectos emisores. Desde un proyecto en Brasil para substituir el uso de combustible diesel por energía limpia, hasta un programa de limpieza de aguas residuales en Tailandia, evitando las emisiones de metano y generando beneficios medioambientales adicionales. 

Los recursos hídricos mundiales se verán gravemente afectados por los impactos del cambio climático, a menos que se tomen medidas adecuadas de mitigación y adaptación.  Existe consenso por parte de la comunidad científica internacional en cuanto a la magnitud del impacto de la variabilidad climática sobre ciclo hidrológico global, lo que puede intensificar fenómenos como las sequías, las inundaciones, la frecuencia de desastres naturales y el aumento del nivel del mar. El efecto socio-económico y medioambiental  ya se ha podido documentar en mucha regiones del mundo, donde las consecuencias han sido devastadoras para la salud humana y han exacerbado la problemática de la pobreza mundial. 

Reflexiones como esta me alientan a adoptar una responsabilidad personal con el mundo. Es muy posible que por ello naciera el personaje infantil KIKEO®. 

En la época de mi infancia aun se estilaba el mandar cartas, y yo me dedicaba a escribir a las marcas relacionadas con el agua y el mar, con mi letra aun sin formar, solicitando información. Días más tarde llegaba un sobre, repleto de catálogos o folletos. No alcanzaban a imaginar quienes mandaban la información, que con sus detalles, forjaban el carácter de una persona que optaría por mostrar al mundo porqué el agua es un bien de todos.
 
Una de esas cartas fue dirigida a Jacques-Yves Cousteau, inventor del aqualung para respirar bajo el agua, y famoso por sus expediciones a bordo del Calypso. Parece que mi carta nunca llegó a su destino en el Museo Oceanográfico de Mónaco, sin embargo, la vida quizás cierra el círculo del destino. Años después, su hijo Jean-Michel Cousteau, hablaba de mi trabajo de documentación fotográfica sobre el agua indicando que no sólo había conseguido provocar nuestra inspiración de la mano de imágenes vívidas de habitantes de todo el globo, sino de que había puesto un espejo frente a nosotros.
 
Cousteu hijo hacía énfasis en que debemos visualizarnos como parte integral de la naturaleza y conectarnos con ella. En las culturas humanas que se mueven demasiado rápido y no logran apreciar los bellos lugares que desaparecen a un ritmo cada vez más acelerado, los fotógrafos (y los artistas añadiría yo), se transforman en registros de esos lugares y especies que existieron alguna vez.
 
A veces me pregunto si uno busca los sueños o son ellos los que lo encuentran a uno. Mi padre, el periodista y locutor de radio aragonés Enrique Calvo, siempre decía que la vida es muy corta, pero muy ancha. Y es precisamente esa anchura donde la vida nos presenta un abanico de opciones. Mucha gente joven me escribe preguntándome qué debe hacer para llegar algún día a ser fotógrafo. No dispongo de una fórmula mágica cual frasco guardado en una antigua rebotica. Sin embargo, me atrevo a remarcar algo que he podido observar en todos los grandes maestros a quienes admiro: perseverancia y fuerza de voluntad imperecedera, endulzada con pasión y amor a la profesión. La fotografía, y en particular, la fotografía vinculada al agua, no es técnica, equipos o cámaras. La fotografía es una forma de expresión. Y es cuando el fotógrafo mira desde dentro, que consigue crear obras que perduran.
 
Reflexionar sobre el trabajo creativo de uno mismo es complejo. Por ello, me permito parafrasear el prólogo del fotógrafo de Nacional Geographic David Doubilet en mi libro Hábitats: “La fotografía es una larga jornada que se prolonga toda la vida, y que nos permite llegar hasta los rincones más remotos de nuestro planeta. Kike nos trasporta a su lado hasta su mar de sueños, donde coexisten dos corrientes simétricas de visión y pensamiento. De manera instantánea puedo percibir su fuerte sentido visual del mar y de otros hábitats acuáticos, así como la belleza y su vital conexión con toda la vida sobre la Tierra.”

Los creativos, como sucede con el agua, debemos fluir, desplazarnos rítmicamente en el río de la vida, bordeando los obstáculos, en lugar de chocarnos nos ellos. Mi trabajo en esta maravillosa obra, enmarcada en un momento histórico en el desarrollo de nuestra ciudad ante el mundo, está dedicada a los ciudadanos de a pie, a quienes cada mañana hacen frente a los obstáculos de la vida. A los aragoneses de nacimiento o adopción, y a todos esos ciudadanos del mundo que llevan sus instintos creativos a buen puerto, para el regocijo y satisfacción de quienes podemos apreciarlos. A quienes escuchamos los mensajes de alerta que la naturaleza pone ante nosotros y unimos nuestro esfuerzo y creatividad a la búsqueda de tan anhelado equilibrio hídrico y social.

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