Kike Calvo Fotografía

martes, 15 de enero de 2008

Un rincón perdido en el país de las sonrisas

Heraldo de Aragón. Frontera Azul. Suplemento de Medio Ambiente.
Fecha: Lunes 14 de enero del 2008.

Texto y foto: ©KIKE CALVO

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"Un plato de Thai, por favor", pido al camarero mientras descanso en un diminuto restaurante de una remota isla llamada Raya, en el mar de Andamán, Tailandia. La comida tradicional del país se caracteriza por la armonía de sabores. Debido al espíritu budista, los tailandeses nunca utilizan grandes porciones de animales en sus preparaciones.

Las condiciones climáticas de esta parte del país están dominadas por los vientos monzones que soplan durante todo el año, lo que hace que el clima imperante sea cálido y húmedo. Ahora es la temporada, seca que dura de noviembre hasta abril.

Me encuentro escribiendo estas líneas al sur de Tailandia, en una de las islas que rodean al islote más grande, Phunket. Se trata de una zona que en estas mismas fechas, hace cuatro años, concretamente el 26 de diciembre del 2004, fue arrastrada por un tsunami que devastó infinidad de pequeñas poblaciones del océano Indico.

La zona parece muy recuperada. Sin embargo, mientras realizo fotografías y camino por las preciosas playas de Ao Kon Kac Ba, donde a pocos metros bajo el agua se esconden preciosos arrecifes coralinos, no puedo dejar de pensar en la historia que minutos antes me relataba un matrimonio de visitantes, habitual de la zona, sobre el territorio desastre natural.

"La gran ola nos alcanzó a las 9.45 de la mañana", me explicaba Frncesco. "Todo lo que ves quedó cubierto bajo la arena. Lo más difícil de olvidar es cómo, mientras mirábamos al mar, toda esta extensión de agua que hay frente a nosotros comenzó a retirarse, dejando a la vista incluso los corales. Y, sin darnos cuenta, el agua regresó en varias oleadas creando un efecto de succión, como un aspirador al retirarse de nuevo". El rostro del italiano al darme detalles lo dice todo.

El tsunami alcanzó seis provincias en el sur del país, devastando más de 400 kilómetros de costa, matando a cerca de 9.000 personas y acabando con la forma de vida de más de 35.000 familias. Más de 1.200 niños perdieron a sus padres esa mañana.

Desde los comienzos de los años 80, el turismo ha sido la principal fuente de ingresos en la economía tailandesa. Sin embargo, la agricultura continúa representando un sector importante, con cultivos de coco, caucho y piñas. Las piscifactorías de langostinos son ya un elemento integrante del paisaje.

A pesar de que la sonrisa permanente de los tailaneses denota alegría y de que, a simple vista, esta área, así como otras que he recorrido, parecen recuperadas, es muy posible que la huella siga viva. En este momento, sin embargo, sólo puedo mirar ensimismado los colores del agua y la belleza de Raya, un rincón perdido en el país de las sonrisas.

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