Kike Calvo Fotografía

miércoles, 30 de enero de 2008

Koto: una escuela para los niños de Hanoi

Heraldo de Aragón. Frontera Azul. Suplemento de Medio Ambiente.
Fecha: Lunes 30 de enero del 2008.


Texto y foto: ©KIKE CALVO

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Al mirar la imagen de este plato asiático podríamos pensar que no es sino una bonita presentación de chao tom, langostino picado a la plancha sobre caña de azúcar, servido con papel de arroz y salsa dulce. Sin embargo, toda fotografía tiene una historia. Y en este caso, una historia con final feliz.

El plato me lo sirvieron en Koto, un restaurante cuyas siglas son Know One, Teach One (conocer a uno, enseñar a uno), que se encuentra en Van Mieu, una zona muy cercana al Templo de la Literatura, un hermoso espacio dedicado a Confucio.

Todos los que trabajan en Koto son niños de la calle. El creador, Jimmy Pham, lo fundó en 1996 con la idea de darles una verdadera familia, un entorno sano para que aprendan las bases sociales y prácticas del negocio de la hostelería. Thuong es el miembro más joven de la plantilla. Nació en 1991 y lleva dos meses en “la familia”. Su sueño es conseguir trabajo en un hotel pero, ante todo, salud para los que le rodean.

Mientras espero a que llegue mi plato de chao tom, me levanto y converso con una dulce adolescente, Nguyen Thi Hoon, mientras prepara una tarta de papaya tras el mostrador. “Llevo 18 meses aquí. Esta oportunidad ha sido todo para mi”, relata Hoon bajo su gorro blanco de chef.

Tras llegar, todos los niños reciben un curso de dos semanas. Se les da un techo, que comparten con otro miembro de más antigüedad, un seguro sanitario y reciben su primer salario, que les permite asentarse. Y, por supuesto, se les entrega algo sin lo cual un estudiante no podría sobrevivir en Hanoi, una bicicleta.

Max Ehrman dijo: “Tú eres un hijo del Universo, como la Luna y las estrellas. Tienes el derecho a estar aquí. Y aunque lo veas claro o no, no existe duda de que el Universo se desdoblará, presentándose frente a ti como debe”.

A día de hoy, el 100% de los niños y niñas que han pasado por Koto han conseguido trabajo en restaurantes y hoteles de Vietnam. Una bella historia en una ciudad donde el simple acto de cruzar una calle se convierte en una odisea para el visitante.

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